Una fractura de húmero puede necesitar entre varias semanas y varios meses para consolidar, pero que el hueso haya unido no significa necesariamente que el brazo haya recuperado toda su movilidad, fuerza y función. En las fracturas proximales, situadas junto al hombro, fuentes hospitalarias actualizadas sitúan habitualmente la consolidación ósea en torno a 6 a 12 semanas, mientras que el dolor, la rigidez y la recuperación del movimiento pueden prolongarse durante meses.
Ese matiz es especialmente importante después de un accidente de tráfico. La indemnización no se determina por el diagnóstico "fractura de húmero" de forma aislada. Hay que valorar cuánto duró el proceso curativo, si fue necesaria una operación, qué limitaciones existieron durante la recuperación, qué gastos o pérdidas económicas se produjeron y si, una vez estabilizada la lesión, quedaron secuelas permanentes.
El húmero es el hueso largo del brazo que une el hombro con el codo. Según dónde se produzca la rotura pueden distinguirse tres grandes localizaciones:
| Localización | Zona afectada | Aspectos que suelen condicionar la recuperación |
|---|---|---|
| Húmero proximal | Extremo superior, junto al hombro | Movilidad del hombro, rigidez, dolor y capacidad para elevar el brazo |
| Diáfisis humeral | Parte media del hueso | Consolidación de la fractura, alineación y posible afectación del nervio radial |
| Húmero distal | Extremo inferior, próximo al codo | Movilidad del codo y características de la superficie articular |
La localización importa porque condiciona tanto el tratamiento como las posibles limitaciones posteriores.
La fractura de húmero proximal merece especial atención. Afecta a la zona que forma parte de la articulación del hombro y puede comprometer movimientos cotidianos como vestirse, lavarse el pelo, alcanzar un objeto situado en alto, conducir o levantar peso.
En una fractura de la diáfisis, en cambio, también debe valorarse la situación del nervio radial, que discurre alrededor del húmero. Cambridge University Hospitals explica que algunas fracturas diafisarias pueden acompañarse de alteraciones sensitivas o debilidad de muñeca y mano cuando este nervio resulta afectado.
No existe una cifra válida para todas las fracturas.
En una fractura proximal, el Hull University Teaching Hospitals NHS Trust señala un período habitual de 6 a 12 semanas para la curación del hueso, pero también advierte de que el dolor y la rigidez pueden persistir durante meses y, en algunos pacientes, hasta un año.
Información clínica sobre recuperación de una fractura proximal de húmero
Esta diferencia entre consolidación y recuperación funcional evita una confusión frecuente.
Una radiografía puede mostrar que la fractura está consolidando correctamente y, sin embargo, la persona puede seguir teniendo dificultad para:
elevar el brazo;
alcanzar la espalda;
coger objetos pesados;
dormir sobre el lado lesionado;
conducir;
desempeñar un trabajo manual;
realizar movimientos repetidos por encima de la cabeza.
Por eso, preguntar únicamente "cuánto tarda en soldar el húmero" no permite saber cuándo terminará realmente la recuperación.
La evolución depende, entre otras circunstancias, de la localización y el patrón de la fractura, el desplazamiento de los fragmentos, la existencia de lesiones asociadas, el tratamiento utilizado, la edad y estado general del paciente y la respuesta a la rehabilitación.
También importa lo que se entienda por recuperarse. No son equivalentes:
consolidación ósea;
retirada del cabestrillo o de otro sistema de inmovilización;
recuperación de movilidad;
recuperación de fuerza;
vuelta a la conducción;
reincorporación laboral;
estabilización médico legal de la lesión.
Una persona puede volver a realizar determinadas actividades antes de haber recuperado por completo el hombro. Del mismo modo, la fractura puede estar consolidada y seguir existiendo rigidez o pérdida de fuerza.
El principal problema de muchas fracturas proximales no termina cuando consolida el hueso.
Cambridge University Hospitals indica que estas lesiones pueden necesitar varios meses para recuperar dolor y amplitud de movimiento, y que la mejoría funcional puede continuar mucho tiempo después de la fase inicial.
La articulación del hombro tiene una amplitud de movimiento muy grande. Un período de inmovilización necesario para proteger una fractura puede favorecer la rigidez, mientras que la propia lesión puede producir dolor y limitar la utilización normal del brazo.
La rehabilitación busca recuperar progresivamente movilidad, control y fuerza sin comprometer la consolidación de la fractura.
Eso explica por qué dos personas con fracturas aparentemente similares pueden evolucionar de manera diferente. Una puede recuperar una función prácticamente normal después de unos meses y otra mantener una limitación apreciable para elevar o rotar el brazo.
No.
En concreto, la American Academy of Orthopaedic Surgeons señala que muchas fracturas proximales de húmero pueden tratarse sin cirugía cuando los fragmentos no presentan un desplazamiento importante. Cuando la intervención resulta necesaria, puede recurrirse a diferentes sistemas de fijación o, en determinados supuestos, a una sustitución protésica del hombro.
Información de la American Academy of Orthopaedic Surgeons sobre fracturas proximales de húmero
La decisión depende del tipo de fractura y de factores como el desplazamiento, el número y posición de los fragmentos, la afectación articular, la calidad del hueso, la edad, las lesiones asociadas y las características del paciente.
Por eso no puede afirmarse que una fractura desplazada concreta tenga que operarse sin conocer las imágenes y la valoración traumatológica.
La osteosíntesis consiste en estabilizar los fragmentos de una fractura mediante material de fijación para favorecer que consoliden en una posición adecuada.
Dependiendo de la localización y características de la fractura pueden emplearse, entre otros sistemas:
placas;
tornillos;
clavos intramedulares;
otros dispositivos de fijación.
Llevar una placa o tornillos no constituye por sí mismo una secuela indemnizable. Tampoco significa que ese material tenga que retirarse posteriormente.
Lo que debe valorarse es el resultado final. Puede ser relevante que persista una limitación funcional, que exista dolor relacionado con el material, que sea necesaria otra intervención o que queden cicatrices u otras alteraciones objetivables.
En determinadas fracturas, especialmente las proximales, la recuperación del hombro continúa después de que el hueso haya alcanzado una consolidación suficiente.
La rehabilitación puede trabajar progresivamente aspectos como:
movilidad del hombro y del codo;
fuerza;
control muscular;
capacidad funcional del brazo;
retorno gradual a las actividades cotidianas.
El momento de avanzar de una fase a otra depende de la estabilidad de la fractura, el tipo de tratamiento y las indicaciones del traumatólogo y del equipo de rehabilitación.
Por eso no resulta prudente utilizar un protocolo encontrado en internet como tratamiento individual. Los tiempos pueden cambiar de forma considerable, sobre todo después de una intervención quirúrgica.
No existe un período de baja predeterminado por tener una fractura de húmero.
La misma pérdida de movilidad puede tener una repercusión muy distinta para una persona que trabaja frente a un ordenador y para quien necesita levantar cargas, conducir profesionalmente o trabajar con los brazos por encima de los hombros.
Como orientación clínica, University Hospitals of Derby and Burton señala para determinadas fracturas proximales tratadas según su protocolo que el retorno a un trabajo sedentario puede producirse antes que a un empleo físico, para el que sitúa una referencia aproximada de unas 12 semanas. No se trata de una regla general ni de un plazo médico legal aplicable a todos los casos.
La reincorporación debe decidirse según la evolución funcional y las exigencias concretas del puesto.
También hay que separar dos conceptos: duración de la baja laboral y duración de las lesiones temporales no son necesariamente lo mismo.
El baremo de tráfico no establece que todos los días de baja laboral sean automáticamente días de perjuicio moderado. La legislación vigente dispone que el impedimento psicofísico para trabajar debe encuadrarse en el grado de pérdida temporal de calidad de vida que corresponda según la situación concreta.
No todas las fracturas dejan secuelas.
Durante los primeros meses pueden existir dolor, rigidez y pérdida de fuerza que todavía formen parte del proceso de recuperación. Para hablar de una secuela indemnizable debe analizarse qué alteraciones permanecen cuando la lesión se ha estabilizado y cómo se objetivan médicamente.
Entre los problemas que pueden persistir dependiendo del tipo de fractura se encuentran:
limitación de movilidad del hombro;
rigidez;
pérdida de fuerza;
dolor persistente;
limitaciones funcionales del brazo o del codo;
problemas de consolidación;
alteraciones derivadas de una lesión nerviosa asociada;
cicatrices derivadas de una intervención.
Que una de estas circunstancias aparezca durante la recuperación no significa que vaya a ser permanente.
En el caso de las fracturas proximales, algunos centros hospitalarios advierten expresamente de que determinados pacientes no recuperan por completo la amplitud de movimiento, aunque sí pueden alcanzar una movilidad suficiente para sus actividades cotidianas.
Este punto tiene además una consecuencia jurídica importante.
La reforma introducida por la Ley 5/2025 modificó el artículo 134 del texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor. Actualmente, determinados síntomas que persisten tras la estabilización pero que previsiblemente van a curar a corto o medio plazo pueden continuar valorándose como lesiones temporales hasta su desaparición.
Por tanto, la secuencia correcta no es:
dolor después de varios meses = secuela.
Hay que determinar médicamente si el problema continúa evolucionando, si previsiblemente desaparecerá o si constituye una alteración permanente.
La legislación española no asigna una cantidad fija a una fractura de húmero.
El sistema distingue diferentes partidas y exige valorar separadamente los perjuicios que realmente se hayan producido. El texto consolidado del Real Decreto Legislativo 8/2004 está actualizado actualmente con las modificaciones publicadas hasta febrero de 2026.
Consultar el texto consolidado vigente del Real Decreto Legislativo 8/2004 en el BOE
En una fractura de húmero en accidente de tráfico pueden tener relevancia, según las circunstancias, las lesiones temporales, la operación, las secuelas, los gastos y las pérdidas económicas.
El perjuicio personal básico comprende el período de lesión temporal en los términos definidos por la ley.
Si la lesión o su tratamiento limita de una forma relevante la autonomía o determinadas actividades de la persona, también puede existir pérdida temporal de calidad de vida, que se clasifica en grado moderado, grave o muy grave según la afectación real.
Las cuantías oficiales publicadas para 2026 son:
| Concepto | Cuantía 2026 |
|---|---|
| Perjuicio personal básico | 39,20 € al día |
| Pérdida temporal de calidad de vida moderada | 67,96 € al día |
| Pérdida temporal de calidad de vida grave | 98,02 € al día |
| Pérdida temporal de calidad de vida muy grave | 130,69 € al día |
Estas cifras proceden de las tablas oficiales de la Dirección General de Seguros y Fondos de Pensiones para 2026. La actualización fue del 2,9 %, correspondiente al IPC de 2025.
Consultar las tablas oficiales del Baremo de Tráfico 2026 de la DGSFP
Estas cuantías no permiten calcular la indemnización simplemente multiplicando todos los días de baja por una misma cantidad. Cada período debe clasificarse conforme a la afectación que realmente haya sufrido el lesionado.
La cirugía tiene un tratamiento específico dentro del baremo.
El artículo 140 establece que cada intervención quirúrgica se indemniza dentro de la horquilla prevista en la tabla 3.B atendiendo a las características de la operación, la complejidad de la técnica y el tipo de anestesia.
En 2026, la tabla oficial establece una horquilla de 522,76 € a 2.091,05 € por intervención quirúrgica.
Esto no significa que toda osteosíntesis de húmero tenga asignado automáticamente el máximo, el mínimo o una cantidad intermedia concreta.
Para determinarla hay que atender a las características reales de la cirugía.
Si posteriormente fuera necesaria otra intervención, por ejemplo para tratar una complicación o retirar material cuando estuviera médicamente indicada, debe analizarse también esa intervención de acuerdo con las reglas aplicables.
Cuando quedan alteraciones permanentes, las secuelas se valoran conforme al baremo médico de la tabla 2.A.1 y su valoración económica depende de la puntuación resultante y de la edad del lesionado, además de otros perjuicios que puedan corresponder.
No es correcto asignar desde un artículo un determinado número de puntos a una persona porque presente:
dolor;
pérdida de movilidad;
cicatriz;
material de osteosíntesis;
reducción de fuerza.
Hace falta conocer la lesión estabilizada, la exploración, las pruebas y el encaje de la alteración en el baremo médico.
El artículo 141 contempla el resarcimiento de los gastos de asistencia sanitaria que sean médicamente razonables, estén relacionados con la lesión y se encuentren debidamente justificados. La norma incluye también determinados productos prescritos y los desplazamientos derivados de la asistencia sanitaria.
Además, el artículo 142 permite resarcir determinados gastos que la lesión produzca en la vida ordinaria cuando estén justificados y sean razonables en atención a las circunstancias de la persona.
Por ello conviene conservar facturas, prescripciones y justificantes de aquellos gastos que tengan relación con el accidente.
Una fractura de húmero puede impedir trabajar durante semanas o meses, especialmente en profesiones que requieren esfuerzo físico o utilización intensiva del brazo.
El artículo 143 regula el lucro cesante por lesiones temporales como la pérdida o disminución temporal de ingresos netos procedentes del trabajo del lesionado, con las reglas de acreditación y deducciones previstas legalmente.
No basta con acreditar que existió una baja médica. La pérdida económica debe calcularse y documentarse conforme a las reglas aplicables.
Cuando se muestran las cifras vigentes en 2026 conviene hacer una precisión.
El artículo 40 establece que las partidas se determinan a partir de los importes del sistema vigente en la fecha del accidente, con la actualización correspondiente al año en que se determine la cuantía mediante acuerdo extrajudicial o resolución judicial. La propia norma introduce además reglas específicas cuando comienzan a devengarse intereses moratorios.
Por tanto, las tablas de 2026 son la referencia actual, pero la cuantificación de un accidente ocurrido en otro año debe hacerse atendiendo a la fecha del siniestro y a las reglas legales de actualización.
En una fractura de húmero, la documentación permite reconstruir tanto la evolución médica como su repercusión personal y económica.
Conviene conservar:
informe de urgencias;
radiografías, TAC y otras pruebas que se hayan indicado;
informes de traumatología;
informe quirúrgico si hubo operación;
informes de ingreso y alta hospitalaria;
controles radiológicos de consolidación;
documentación de rehabilitación;
informes sobre movilidad, fuerza y limitaciones funcionales;
partes de incapacidad temporal cuando existan;
facturas y justificantes de gastos relacionados;
justificantes de pérdida de ingresos;
documentación del accidente.
La legislación exige que la determinación y medición de las lesiones temporales y las secuelas se realice mediante informe médico ajustado a las reglas del sistema.
La evolución documentada es especialmente importante cuando la persona continúa con dolor o pérdida de movilidad después de que la fractura haya consolidado.
Imagina dos personas con una fractura proximal de húmero después de un accidente.
La primera no necesita cirugía. Después de la inmovilización inicia rehabilitación, recupera progresivamente la movilidad y termina el proceso sin limitaciones permanentes.
La segunda necesita una reducción y osteosíntesis. Permanece hospitalizada, tarda más en recuperar el movimiento, pierde ingresos durante su baja y, después de la estabilización, conserva una limitación objetiva para elevar el brazo.
El nombre inicial de la lesión es parecido, pero los perjuicios no lo son.
Cambian:
la duración del proceso;
las limitaciones temporales;
la existencia de cirugía;
los gastos;
las pérdidas económicas;
la situación funcional definitiva.
Ese es el motivo por el que una indemnización por fractura de húmero no puede obtenerse de una tabla que asigne una cantidad fija a cada diagnóstico.
Depende del tipo de fractura. Para determinadas fracturas proximales, varias fuentes hospitalarias sitúan la consolidación aproximadamente entre 6 y 12 semanas, pero no debe confundirse ese período con una recuperación completa del hombro.
La localización, desplazamiento, tratamiento y evolución radiológica pueden modificar considerablemente el plazo.
No existe una duración única. Puede continuar durante semanas o meses después de la fase inicial de consolidación, especialmente cuando existe rigidez o pérdida de fuerza.
El objetivo y ritmo de la rehabilitación deben ajustarse al tipo de fractura, tratamiento recibido y evolución clínica.
No todas se operan. En las fracturas proximales, muchas lesiones poco desplazadas pueden tratarse sin cirugía. Cuando la fractura es más compleja o inestable, el traumatólogo puede valorar una fijación quirúrgica u otras alternativas según el patrón de la lesión y las características del paciente.
Sí, aunque no necesariamente. Pueden persistir limitaciones de movilidad, rigidez, dolor, pérdida de fuerza u otros problemas dependiendo de la lesión y de su evolución.
Para considerarlos secuelas indemnizables hay que valorar su carácter permanente después de la estabilización.
El material de osteosíntesis permite estabilizar determinadas fracturas, pero su sola presencia no significa que exista una secuela ni determina una indemnización concreta.
Hay que valorar cómo funciona el brazo y si ese material produce o no consecuencias permanentes.
No siempre puede garantizarse. Algunas personas recuperan prácticamente toda su movilidad y otras mantienen cierto grado de rigidez o limitación. En las fracturas proximales, la recuperación funcional puede continuar durante meses después de que el hueso haya consolidado.
No existe una cifra fija.
Hay que valorar los días de lesión temporal, las limitaciones sufridas, la cirugía si la hubo, las secuelas, los gastos y las pérdidas económicas acreditadas.
Si necesitas valorar una situación concreta, la página sobre indemnización por fractura de húmero explica el servicio específico del despacho para este tipo de lesión.